CIRCUMNAVEGACIÓN DE SUR AMERICA 

Mi esposa con quien sobreviví 66 dias y noches mortales en una balsita quiso terminar el matrimonio ya que habia hecho promesas en la balsa de servirle a Dios en un convento. Me fue divicil aceptar esta fractura de una relación de dos personas quienes vivieron 66 dias juntos en el filo de la muerte. Terminė con una depression intensa durante todo el mes de noviembre de 1991. Encamado, empapado de sudor, soltero en todo sentido. sin barco y sin acompañante. No sabía que hacer.

Me llamó de Puerto Rico mi amigo Siro Cugini pidiendo que venga a pasarme las navidades con ellos. No pude ya que queria estar con mis hijos y nietos. Acordamos que iría despues del dia 25. Me recogio en el aeropuerto de San Juan y me dijo, “Vamos a saludar a Lirio, quien tu conocistes en Caracas hace diez años.” Lirio nos recibió con un botella de champan durante una tarde acojedora. Durante las próximas dos semanas Lirio y yo nos encontramos varias veces a cenar y bailar.

Volví a Miami y lo primero que hice fue buscar un velero. Encontrė un Morgan de 13 metros y lo comprė. Lirio y yo nos mantuvimos comunicados y poco a poco nos enamoramos y decidimos casarnos el 4 de Julio en San Juan. La boda y la recepción en casa de unos buenos amigos de Lirio fueron  fabulosos igual que la luna de miel en Aruba. Nos instalamos en el apartamento en San Juan de la familia de Lirio adonde ella cuidaba a su madre.

Fuí a Miami y con un par de amigos navegamos mi nuevo velero a San Juan adonde lo instalė en un muelle a pocas cuadras de donde vivia. En poco tiempo se convirtió en mi segunda casa. Durante el verano daba unos paseos a las islas cercanas con mis nietos y nietas. Cometí un desastre un verano cuando sali a nevegar con dos nietos y dos nietas. Se pasaron casi todo el tiempo peleando unos con los otros.. y yo sin poder de controlar las cosas. Despues de año y medio navegando las aguas caribeñas y con suma confianza en mi velero me entró el deseo de navegar las aguas mundales.

A principios de 1994 recibí una invitación de la Hermandad de la Costa para atender al tercer Zafarrancho mundial a celebrarse en Valparaiso, Chile, en noviembre. Voy, pero no en avion. Con eso, inventė un viaje en mi velero New Chance para darle la vuelta al continente sur de las Americas, haciendo la parte via Magallanes durante su verano cual corre de Octubre a Marzo. Saliendo de San Juan haríamos un toque en Limón, Costa Rica, para saludar a la Negrita, la virgin de los Angeles, quien nos salvo la vida durante nuestros 66 dias a la deriva en 1989. Cruzaríamos el Canal de Panamá al Océano Pacífico para bajar por toda la costa de Bolivia y Peru hasta llegar a los canales chilenos cual nos entregaría al estrecho de Magallanes y al canal Beagle, para darle la vuelta al cabo de Hornos. Entonces, ya en el océano Atlántico, correríamos norte a lo largo de la Argentina y Brazil de regreso a San Juan.

Mi equipo consistiría de 12 grupos de amigos y familiares cual se unirían a nosotros en diferentes puntos de escala durante períodos de dos a seis semanas. Millas estimadas del viaje14,000. Tiempo de navegación 340 días incluyendo escalas en una multitude de puertos.

El 26 de julio, con una tripulación de cuatro, zarpamos del puerto de San Juan. La velada por el Caribe resultó siendo nuestro tramo más rápido. En general, estamos satisfechos con una carrera diaria de 120 a 130 millas náuticas (1 MN = 1.15 millas terrestres = 1.85 kilómetros). En nuestro cuarto día, registramos 195 MN mientras navegábamos hacia el oeste con olas de 4 metros. Teníamos dos pilotos automáticos (excelentes miembros de la tripulación ... no comen, beben, fuman ni acosan al capitan), uno impulsado por el viento y el otro un piloto elėctrico. En mares pesados, el piloto electrónico mantiene un rumbo más estable. En el lado negativo, consume cinco amperios, lo que nos obliga a vigilar la carga de la batería.  

Siete días después de partir de San Juan, llegamos a Limón en Costa Rica. Limón, antes una ciudad próspera en el Caribe y ahora en eclipse total, proporcionó nuestro primer simulacro con las formalidades de Aduanas, Inmigración, Salud, Capitanía de Puerto y Policía, algo con lo que aprenderíamos a vivir cada vez que ingresáramos a un puerto nuevo. Fuimos a Cartago a saludar a la Negrita, Nuestra Señora de los Angeles, y dos días después, justo cuando nos preparamos para partir, una serie de chubascos dispararon sobre Limón. Los vientos aumentaron a 50 nudos y las rayos cayeron sin parar. Yo puedo manejar el viento, pero los rayos son otra cosa. Puse a New Chance, con su mástil de aluminio de 30 metros, al lado de una grúa porta-contenedores en posición vertical. Pasaron dos horas mientras toneladas de agua y miles de millones de voltios cayeron del cielo. Cuando el cielo se aclaró, nos dirigimos a Panamá bajo un cielo aún feo y amenazante.

Los barcos (y pequeñas embarcaciones como la nuestra) en el camino hacia el Pacífico entran en Cristóbal para transitar por el Canal. Colón, un pequeño pueblo fuera de la propiedad del Canal, está en peor condición que Limón. Los cruceros ya no se detienen en Panamá debido a la falta de seguridad personal. Siempre salíamos del Club de Yates en taxi y nunca caminábamos por las calles de Colón. Con visitas a media docena de oficinas en Colón y Cristóbal recibimos el permiso para transitar el Canal de Panamá.

Con nuestro piloto del Canal a bordo, nos dirigimos a la primera de las seis esclusas. Las primeras tres nos subieron al lago Gatún. Exuberantes bosques tropicales nos siguieron hasta llegar a las tres esclusas cual nos llevaron al Océano Pacífico. Dos días después, completamente cargado de agua, hielo, comida y combustible, nos dirigimos hacia nuestro destino, el Cabo de Hornos. Por curiosidad, introduje la latitud y longitud de nuestro destino en el GPS ... nos quedaban 5349 millas naúticas (MN). Muy lentamente, contra viento y marea, trabajamos tediosamente hacia el sur. Cuando el viento falló, nuestro fiel motor diesel nos empujarba hacia nuestra meta. Cinco días después, con falta de combustible, llamamos al Puerto de Esmeraldas en Ecuador para pedir permiso para entrar. Nos contestaron que NO ya que la marea de 8 metros estaba llegando a su punto bajo. Tendriamos que esperar hasta las tres de la mañana cuando suba. Anclamos y cuando amaneció entramos para encontrar una ciudad a la altura de Limón y Colón, lo que llevó a mi tripulación a comentar: "Oye Capi. ¡tu nos sigues llevando a lugares exóticos!" Un taxista me llevó a la  iglesia San Jose, dorada y bella con el altar de oro brillante. Ahora entiendo porque los navegantes malucos venian.. para llenar sus barcos de oro.  

Atrapado por la marea, recorrimos el pueblo. Encontramos un país pobre, la tierra árida y sin cultivos, la gente predominantemente de ascendencia andina. Todas las personas con las que estuvimos en contacto fueron extremadamente serviciales y amables. Llenamos los tanques con diesel y arrancamos hacia mar afuera.

La temperatura del agua y del aire cayeron en picada. Misteriosas luces brillantes en medio del océano resultaron ser grandes barcos Coreanos pescando calamares gigantes. Poco después la vida animal desapareció. Abrazamos la costa peruana donde el paisaje cambiaba de suaves colinas de arena a montañas  espectaculares rojos y verdes. Toda la costa del Perú es un desierto, con altos acantilados rocosos que se desploman en el océano, lo que nos permitió navegar cerca de la costa durante el día.

Investigamos cada "Isla de Lobos" y encontramos cada una densamente poblada de leones marinos. Estas islas son todas especiales, ya que deben proporcionar una "rampa" para su acceso (aunque un león marino puede saltar 4 metros fuera del agua), una cama plana soleada y cubierta de hierba en su ápice (generalmente a unos 30 metros del agua) donde descansan y a calentarse, aparearse y luchar, y un acantillado vertical cercano para escapar rápidamente a la relativa seguridad del océano.

En una densa neblina, seguida de una legión de focas mezcladas con delfines, todas seguidas por docenas de gaviotas, nos acercamos al concurrido puerto de Callao, Perú, el 3 de septiembre. Los peruanos son personas tranquilas, un poco más pobres que sus primos del sur, pero sinceros en su amistad con los marineros visitantes. El Director del Museo Marítimo en el Callao le presentó a New Chance una placa para recordar nuestra visita. Perú, ahora listo para emerger después de una docena de años de mala gestión y guerra civil, tiene los precios más bajos de los productos básicos en el sur. Cargamos con ropa de invierno y mantas de lana. Un abrigo de lana de alpaca cuesta $12, una manta $15, medias de lana gruesas de $1 un par. Los alimentos locales frescos y enlatados eran razonables y sabrosos.

Como tripulante nos acompañaba mi íntimo amigo Chileno, Eduardo Gallardo. Ya habiamos viajado  una semana con lluvia y Eduardo me decía sin parar, “espera, tan pronto llegamos a Chile, se acabó la lluvia.” Y asi fue. El 18 de septiembre, día de la Independencia Nacional de Chile, ingresamos en el Puerto de Arica. Como nunca llueve, el trigo se almacena en grandes montículos al aire libre, sin duda la razón por la cual la mayoría de las aves en el área parecían increíblemente gordas. En el Club de Yates local vimos el desfile de cuatro horas del Ejército Chileno marchando con el paso de ganso Prusiano y la Armada tradicional Británica. El general Pinochet supervisó todo el evento. En nuestros cinco meses en Chile, encontramos una profundidad de paz civil y orden hoy desconocido en nuestro hemisferio. Las calles y parques limpios permanecían llenos de gente hasta la medianoche. Los niños pequeños jugaban en las calles sin supervisión.

Como partícipo en una organización mundial, LA HERMANDAD DE LA COSTA, con origines Chilenos, hermanos en cada Puerto nos recibieron y nos llevaban tierra adentro para conocer mejor a su país. Tierra adentro desde Arica, estan los huertos de olivos prosperarando en el suelo árido. Los contornos de llamas de 100 pies de altura formados en colinas con rocas por habitantes hace más de 400 años parecen no tener más de uno o dos años de formado. A treinta kilómetros tierra adentro en Caldera, Chile, condujimos a través de un desierto verde con viñeros rescatados por los conocimientos israelíes y su sistema de riego por goteo. Más tarde subimos a la cima de una colina donde las tribus antiguas habían construido una fundición de cobre, el sitio elegido porque el viento sopla sin parar.

De hecho, sabían que veníamos cuando le envié un correo electrónico al Capitán Nacional de la Hermandad de la Costa para decirle que habíamos salido de San Juan, Puerto Rico y nos dirigíamos a la reunión cuatrienal de la Hermandad que se celebraría a fines de octubre de 1994, en Viñas del Mar. A su vez, el corrió la voz a todos los capítulos Chilenos para que se preparen a recibir al velero New Chance.

Me encanta este cuento.

En el 2002 fuí con mi esposa Lirio al 5to Zafarrancho Mundial en Inglaterra adonde nos encontramos a Simonovic, el Hermano Septentrion, y nos quedamos  juntos la mayor parte del tiempo. Durante una de las cenas se puso a hablar con Lirio y le menciono que ella era una cautiva. Ella respondio con un tremendo golpe.. “ÍÍYo no soy una cautiva!! ÍÍÍSoy cautivadora!!!” Y de alli seguimos abrazados. Que en paz decanse mi querido Hermano.

En  Antofogasta, Chile, mis Hermanos me recibieron como un hermano de toda la vida. Antofogasta es una bella ciudad! La plaza del pueblo se mantiene llena de la gente más amable, jóvenes y viejos, más allá de la medianoche. Los niños juegan libremente mientras sus padres se ponían al día con lo último. Y la comida estaba realmente fuera de este mundo. Uno de nuestros hermanos nos presentó al "erizo", el erizo de mar. Una variedad de erizo de mar que se encuentra en el sur de Chile, negra con espinas cortas, es la mejor. Sus sacos de huevos, y cada animal tiene 7, se retiran, se lavan y se mezclan en una cama de cebollas finamente picadas, un poco de jugo de limón y otros condimentos, y de repente me enfrenté a un plato que rápidamente conquistó mi reticencia natural y me dejó con ganas de comer más.

Luego vino el plato principal, "congrio", un pez que vive en aguas extremadamente profundas. El pez tiene aproximadamente 20 centímetros(cm) de diámetro con un hueso de 2 cm que corre por el centro de la rebanada de 15 cm de grueso. Bien condimentado, se cocina a la parrilla y se sirve en medio de una cama de pasta linguini. Riquísimo. Un par de días después, la Hermandad celebró nuestra escala con un Zafarrancho, en su "guarida", su sala de reuniones excavada en una cueva a pocos pies de una costa rocosa, donde nos abrumaron las alpacas a la barbacoa. En general, Antofogasta sigue siendo una de nuestras principales paradas en todo el mundo.

Mi tripulación voló a su casa y el 4 de octubre de 1994, me despedí de una gran cantidad de buenos amigos y partí solo a vela. Los vientos a lo largo de la costa de Chile corren generalmente hacia el norte al igual que la corriente, sin embargo, ambos tienden a seguir la línea de costa sinuosa. En otras palabras, tenía el viento y la corriente en la nariz la mayor parte del tiempo. Durante todo el camino desde Panamá, habíamos elegido atracar en un puerto durante el día para hacer turismo y salir una vez que oscureció. Navegando solo de noche, prendí una luz giratoria color naranja.  Las naves verían la brillante luz naranja parpadeando, llamarían por la radio VHF, cual había dejado encendido con el sonido en alto cual me despertaba. Todavía no me había fallado. Pero, como le había prometido a mi esposa, Lirio, que anclaría todas las noches cuando estuviera solo, y siendo de palabra, comencé a buscar un lugar decente para fondear unas 2 horas antes del anochecer.


Seleccioné una pequeña cala de mi libro de navegación y me dirigí hacia adentro. Justo afuera, bajé las velas y conduje lentamente a motor, observando la geografía mientras observaba atentamente el indicador de profundidad. Encontré los diez metros de agua que prefería y pase por afuera de una pequeña península. La tierra rodeaba una playa rocosa con una pequeña cabaña y luego se bifurcaba hacia el norte. Con unos 100 metros a la playa, me sentí cómodo. Deje caer el ancla con 40 metros de cadena y soga. Puse el bote en reversa y maldita sea el ancla no pudo sostenerse. Subí el ancla a bordo y la dejé caer nuevamente. No funcionó mejor en el segundo intento. Tampoco lo hizo en el tercero. Saque  mi otro ancla de 25 kilos con más cadena y soga, y después de pasar al fondo original, lo arrojé por el costado. Por fin agarró, gracias al Señor. Me dirigí a babor y volví a tirar el ancla original. Lo probė con el motor y esta vez si agarró. Me dirigí de regreso a un descanso muy necesario ya que todo el proceso había tomado mucho más de una hora.

Cambiamos de ron y coca cola, nuestro alimento básico puertorriqueño, en El Callao, Perú, cuando descubrimos que querían $ 28 por una botella de ron. Cuando encontramos que los nativos bebían pisco a $4 la botella, cargamos el barco con pisco. No pasó mucho tiempo para que el Capi inventara una mezcla de jugo de limón , un refresco y pisco para enloquecer a la tripulación. Poco después, el traguito fue bautizado "Pisco New Chance".

No había tomado más de dos sorbos cuando dos hombres que había visto en la costa cerca de la cabaña comenzaron a disparar un rifle. Un vistazo a través de los binoculares demostró que estaban cazando algún tipo de animalito. Realmente no me preocupaba ya que descubrí que la Armada y la Guardia Costera de Chile mantienen sus aguas bien ordenadas. Me recosté, vigilé a los muchachos en la playa y continué vertiendo mi pisco relajante.

Estaba en mi segundo Pisco cuando recordé que tenía una cita en la radio a las 6 p.m. con los amigos que había dejado en Antofogasta. Eran casi las 6:30. Ajusté la banda lateral única a 8104 y llamé. La respuesta fue inmediata. Y frenético. "New Chance, ¿dónde estás?" Lo repitieron media docena de veces. Les informé dónde estaba anclado. Regresaron, aún más frenéticos que antes con: “New Chance, esto es una emergencia. No puedes quedarte allí. Dirígete al mar. Un tsunami golpeará la costa esta noche. Tienes solo una hora. Levante el ancla. Sal al mar. ¡Ahora!"

Con un sentimiento mixto de "gracias", dejé la plataforma en espera y volví a cubierta para terminar mi pisco. ¿Que es esto? ¿Levantar las anclas? Santa vaca. Acababa de pasar más de una hora montandolos. Tomé otro par de pizcasos mientras pensaba mis dos opciones. ¿Pero por qué arriesgarme? Muy dolorosamente levanté los dos anclas, salí a toda velocidad, guardé lo que parecía una tonelada de cadena y un kilómetro de cabos, quejándome todo el tiempo de mi mala suerte.

Una vez que subí las velas y prendí el equipo de dirección automática me llevó a un curso lejos de la costa, encendí la radio AM y las noticias más recientes aparecieron en todos los canales. El tsunami que se dirigía hacia Chile fue el resultado de un terremoto entre Japón y Hawai en algún lugar. Chile esperaba olas de al menos un metro, tal vez más. Supongo que hice lo correcto al salir de ese pequeña y estrecha cala. Puse la luz giratoria a trabajar y salté a la cama después de configurar mi alarma interna durante dos horas. Mi sistema de alarma no falla. Para una llamada de atención de dos horas, tomaba tres vasos grandes de agua. Mi vejiga nunca falló. Me tomaba tres vasos más y luego, si todo estaba claro, me dormía. Esto más la luz naranja y el VHF me ayudaron a dormir como un muerto

Me despertė a eso de las 7 de la mañana y salí a la cubierta y me encuentro un barco pezquero pegado a la popa. Los saludo y ellos me gritaron un saludo y me dijeron que vieron este velero sin timonel y pensaron que el se había caido a agua y que el barco andaba solo. A las nueve de la mañana volví a sintonizar la radio AM local. El tsunami llegó a la costa a las 11:45 p.m. ¡La ola más alta reportada fue de 14 centímetros! Todavía no había visto una ola de menos de un metro. 

Seguimos por la costa hasta Valparaiso adonde nos unimos a la Hermandad para celebrar el tercer ZAFARANCHO MUNDIAL. A mediados de diciembre dejė el velero en Chile y volė a Puerto Rico para celebrar las navidades con mi esposa Lirio.

Regresė a mediados de enero de 1995 con mi nueva tripulación y el dia 27 zarpamos hacia la isla Robinson Crusoe, a 400 millas de la costa de Chile. La sombra de Alexander Selkirk todavía cierne sobre esta pequeña isla donde ahora no residen más de 200 personas. Como su principal recurso son las langostas, pedimos dos para la cena. Cuando llegó la factura de $120, concluimos que su segundo recurso es la piratería.

Navegamos de regreso a Valdivia y despues a Puerto Montt  adonde tome un autobús  a Osorno para ver tres volcanes nevados y actualmente inactivos que corren a lo largo de los altos picos de las montañas Andinas

Lleguė a Puerto Montt para descansar y recibir a mis nuevos tripulantes, Chuck Adams, Neill Martin, también conocido como el 'Cazador Blanco', y a mi hijo Jim Butler, todos experimentados marineros de botes pequeños y todos listos para enfrentar lo que sea que nos valla a  entregar el Cuerno.

Siempre nos hemos referido a Neill como el "Cazador Blanco" por sus habilidades de pesca submarina y de superficie. En 1974 lo vi dispararle a un pez de 5 kilos a una distancia de 8 metros en un arrecife en Los Testigos, Venezuela. Ahora, a 15 km al sur de Puerto Montt, lo pusimos a prueba cuando llegamos a una manada de peses nadando en la superficie. Sacó su vara de pescar al cual adjuntó uno de sus señuelos. Su primer lanzo aterrizó a unos 10 metros del velero. Enrolló el señuelo lentamente y volvió a lanzarlo, casi en el mismo lugar. A medio camino su vara dobló por la.mitad. Con destreza profesional, trajo al pez junto al bote y lo metió en la bolsa cual Jim colgaba. Tres más siguieron.

Con suficiente pescado para el almuerzo nos dirigimos hacia el sur abrímos camino alrededor de la Isla Chiloé, hacia el Océano Pacífico, cruzando el infame Golfo de Peñas y de regreso a los fiordos chilenos. Hunter sacaba su equipo cada vez que algo se agitaba en la superficie pero no atrapaba nada. Le siguieron dos semanas sin peces, luego tres. Lo fastidiamos con "Nos estamos muriendo de hambre sin pescado". Estudió las cartas y escogió un gran lago a un kilómetro del canal como un posible candidato para contener una tonelada de truchas grandes y gordas. Anclamos y fuimos a tierra para subir por una loma hasta llegar al lago, una gran belleza, adonde Neill se puso a pesca sin resultados. Seguimos comiendo comida de lata.. 

Tuve que planifica los próximos dos mil kilómetros para maximizar la velocidad, gozar las vistas y mantenernos seguros en torno al clima variable que se extiende en bandas de baja presión desde el oeste. Decidimos navegar a toda velocidad cuando los frentes lluviosos y fríos golpeaban y disminuir la velocidad para disfrutar el paisaje durante los días soleados y tranquilos. Con la ayuda de nuestros recién adquiridos cartas náuticas chilenas, nos dimos cuenta que teniamos que andar con cuidado atravesando los intrincados canales y fiordos del interior. Cada noche necesitamos encontrar un anclaje adecuado para escapar de los feroces vientos que inevitablemente se canalizan por los barrancos que forman la mayoría de los anclajes.

Todo el paisaje en el sur de Chile, las montañas, las islas, los canales (algunos de más de 400 metros de profundidad), los fiordos, todo, se formaron durante la última edad de hielo, que alcanzó su punto máximo hace unos 10.000 años. Fiordos, glaciares y hielo nos encontraron cuando entrabamos en los canales del sur, los picos altos de los Andes nevados siempre sirvieron como telón de fondo. Las cascadas, a menudo una docena de lado a lado, formaron patrones intrincados a medida que caían 800 metros. Descubrimos cuando nos acercamos a un antiguo glaciar partiendo activamente como resultado del proceso de calentamiento continuo que experimenta nuestro planeta. Nuestro congelador se llenó rápidamente con hielo de "10,000 años" para ser utilizado en futuras horas felices. Demasiado complicado para viajar de noche, alrededor de las nueve entrabamos en una cala selecionada más temprano en el día. Dado que el fondo quedaba a 20 metros de profudidad cubrido de ojas densas siempre amarrábamos el velero a un arbol en tiera. A las cinco de la mañana estábamos nuevamente en marcha con parte de la tripulación de vuelta a su camarote.

En la entrada al Estrecho de Magallanes, entregamos uno de mis libros en español a los fareros y luego giramos hacia el oeste para volar virtualmente por Magallanes. Chubasco tras chubasco nos mantuvo ocupados ya sea subiendo o bajando velas. Después de una noche ventosa atado como siempre a un arbol, nos sorprendimos al amanecer al encontrar que todas las colinas circundantes estaban ligeramente cubiertas de nieve.

Salimos de Magallanes para entrar en el Canal Bárbara, que nos llevaría al sur hasta el Canal Beagle. Ya tarde estabamos  en busca de un anclaje adecuado. Todos los lugares que habíamos elegido hasta ahora habían resultado inaceptables, ya que eran demasiado profundos, desprotegidos del viento o demasiado pequeños. Y tuvimos que parar, ya que no habíamos encontrado un solo indicador de navegación cual nos permitiría navegar de noche. Cuando mi hijo Jim gritó que teníamos un barco de pesca en la proa, le pedí que lo vigilara. Seguramente se estaba dirigiendo a una cala. Después de haber recorrido un estrecho canal con acantilados a ambos lados durante casi quince minutos, doblamos por una islita y encontramos una pequeña cala con una docena de barcos de pesca amarrdos en grupos de 3 a 4. Muchos nos hicieron señas para que nos acerquemos. Elegimos un bote en el extremo derecho, les entregamos nuestras cabos y nos hicimos amigos al instante. Obviamente, un barco de vela con bandera estadounidense no era su visita habitual, y sus preguntas eran infinitas. La mayoría vivÍan en Punta Arenas.

Cambiamos paquetes de cigarrillos que habíamos comprado para este propósito en nuestro punto de partida en Puerto Rico hace ocho meses por un cubo de cangrejos, una paleta con 6 róbalos parcialmente ahumados y un cubo lleno de erizos de mar. Jim puso agua a hervir mientras mis tripulantes abrieron los erizos de mar para sacar sus 7 sacos de huevos. Estos sacos, sobre cebolla en rodajas finas y lavados con jugo de limon, desaparecieron tan rápido como estaban preparados. Cuando los cangrejos de nieve aterrizaron en la mesa de la cabina, todas manos fueron para ellos. Rellenos con la pesca del día, la tripulación se desmayó temprano.

La mañana siguiente nos despedimos y llevamos a New Chance al canal principal. En una hora nos encontramos en el océano abierto. Chubascos orientales con ráfagas de 35 a 40 nudos construyeron enormes mares rompientes cuales rápidamente nos convencieron de que deberíamos reducir al mínimo nuestra exposición al océano abierto en nuestra búsqueda para rodear el Cabo. Siete millas más tarde nos escabullimos en las aguas más tranquilas del Canal Bencock, donde continuamos acercándonos a cerca de 9 nudos. Este estrecho canal nos llevó a nuestra parada para pasar la noche en Puerto Fanny. Un cabo amarrado en tierra firme y el ancla de 25 kilos colocado en un lecho de algas marinas a 20 metros de profundidad nos mantuvo. Un róbalo ahumado calentado en el horno condujo a otra gran noche de sueño para todos a pesar de que las ráfagas feroces y frías soplaban desde todas las direcciones sin parar.

Nos abrimos paso a través de muchos canales hasta el Canal Beagle, pasamos el fabuloso glaciar Garibaldi y seguimos hasta Puerto Williams, Chile, la ciudad más austral del mundo de antaño ... sin calles pavimentadas, casi sin automóviles, y aceras de madera alrededor de una pequeña zona comercial.   

Conseguimos permiso de las autoridades Chilenos con órdenes de navegación precisas para seguir al Cabo de Hornos. Todos los anclajes estaban fuera de los límites, excepto de cinco calas, solo una dentro de las 20 millas del Cabo. Navegamos al mediodía con 130 kilómetros por recorrer. Cuando anocheció estábamos a 40km del cabo de Hornos. A medianoche, 20km. El viento comenzó a acumularse a medida que pasaban chubascos. Primero 35 nudos, luego 45, una hora más tarde 60 sostenido, con ráfagas de 70 nudos. Estábamos a 5 kms de nuestra cala, que a su vez estaba a 15 kms del Cabo. La noche totalmente negra. La lluvia impulsada por el viento nos tiraba gránulos horizontales. Los olas cada vez mayores golpeaban el casco, lavando la cubierta y luego llenando la cabina de agua. Las velas se enredaron. Con el motor en marcha, llegamos a 4 kms de la cala. Busqué soluciones con el GPS cada cinco minutos. A veces hacíamos 30 metros en 15 minutos, a veces menos. Las horas pasaron.  El GPS se quedó en blanco y durante 90 minutos críticos no produjo soluciones. Mientras tanto, el motor se detuvo 3 veces. En la cabina tambaleante, pasaron horas mientras buscábamos el problema. Encontramos una pequeña grieta en una manguera de combustible. Diesel cubrió el piso de la cabina, lo que hizo que fuera peligroso pararse. Oramos para que amaneciera mientras New Chance navegaba entre las islas Deceit y Herschel, engañosas y difíciles de ver. El radar produjo imágenes mal definidas.

El amanecer trajo esperanza. Nos acercamos a tierra, en busca de una colina a sotavento que nos permitiera avanzar. Nubes negras se elevaron sobre Siboney, cada una con más lluvia y el mismo viento. Pasaron cuatro horas. La tripulación fatigada, el Cabo a 14 kms a barlovento. Cruzamos el sur, alrededor del exterior de Isla Engaño. El pampero duró 3 días. Convencido que seguir rumbo al cabo podría ser mortal para todos ordené cambiar rumbo hacia Ushuaia. Volamos con poca vela mientras el mástil abrazaba los mares de sotavento. Las olas bañaban el bote cada pocos segundos. Por fin, a ochenta kms al norte del Cabo, el viento y los mares se calmaron y cuando llegamos al Canal Beagle salimos a motor por falta de viento.

Una vez que llegó la noche, la Vía Láctea, directamente en lo alto, brillaba con miles de millones de estrellas. Justo en el medio de esta masa de estrellas se encontraba la Cruz del Sur. Acrux, Mimosa y Gacrux, las tres estrellas más brillantes de esta constelación meridional se destacaron bruscamente sobre su brillante fondo. Ahora entiendo. Estuvimos en el infierno durante los últimos dias. Ahora estamos cerca del cielo.

Tenia largo rato que no me habia comunicado con mi esposa Lirio. Bajė a la cabina para llamarla para dejarle saber que andamos bien.  Sintonicé mi radio a una frecuencia de AT&T en la banda de 15 metros y coloqué mi llamada a WOM en Ft. Lauderdale, convencido que era otra "idea loca del Capi". A lo largo de los años había tratado de llamarlos desde puntos mucho más cercanos y había fallado. Aquí estamos ahora en el fin del mundo. Después de mi segunda llamada, escuché el zumbido de un sintonizador y recibí mi respuesta: “New Chance, WOM. ¿Cuál es su posición?” Giró su antena en nuestra dirección, preguntó cómo copiaba, lo que reporté como perfecto, y luego pidió el número para llamar. En cuestión de segundos, mi esposa Lirio estaba en la línea. Después de los saludos habituales, le pregunté cómo estaba todo en casa en Puerto Rico, a lo que ella respondió: "Oh, cariño. ¡Tengo un problema terrible! Mi auto tiene una goma pinchada. ¿Qué tengo que hacer?" Yo le sugerí que llame al garage en la esquina. Yo llamo este cuento…”Una goma pinchada en el Cabo de Hornos”.

Navegamos a Ushuaia el 13 de marzo y parte de mi tripulación tomó su vuelo de regreso a sus casas y a recibir  nuestro tripulante nuevo, Paquito, quien llegaba desde Puerto Rico. Ushuaia, al otro lado del Canal Beagle, es un deleite y nos mantuvimos ocupados cargando comida, además de arreglar algunas de las cosas que habían estallado en la tormenta. Pronto todo estaba listo, excepto el echar combustible. Aprovechando el clima decente nos dirigimos hacia el muelle de combustible en el extremo opuesto de la bahía. En realidad, no había "muelle de combustible" como tal.

En nuestro primer intento nos encallamos a unos 25 metros de la costa y volvimos al Ushuaia Yacht Club, en realidad un barco bastante grande que descansa en el fondo de la bahía. Cinco horas más tarde, en una marea aún en aumento, volvimos para intentar por segunda vez llenar nuestros tanques de diesel. Conduje el bote hasta la gasolinera en la playa. Chuck saltó de la proa a una estrecha franja arenosa con dos cabos. Se arrastró por un acantilado cubierto de hierba de tres metros de altura y buscó por todos lados un poste de amarre, todo el tiempo tirando de ambas líneas en un esfuerzo por ayudar a mantener la proa contra el viento. Mantuve el motor a toda velócidad hacia adelante.

No había un lugar para amarrar los cabos a la vista. Las ráfagas superaron los 50 kph. El viento constantemente cambiante arrastraba a Chuck. Desesperado por un lugar para asegurar las dos cabos, vio dos autos estacionados y se dirigió hacia el más cercano donde deslizó un cabo alrededor de la parte inferior del neumático delantero. El Segundo cabo rodeó el neumático de un automóvil a unos 10 metros de la primera.  Las ráfagas tenían que haber excedido los 60 kph cuando una nieve ligera sacudió la cubierta.

Convencido de que las cabos aguantarían, puse el motor en punto muerto y fui a la proa cuando Chuck arrastró la manguera de combustible y me la entregó. El viento aullaba mientras llenaba cada tanque. Chuck luego tomó la manguera, me entregó cinco jarras de aceite lubricante y dos cervezas. De vuelta al timón, puse el motor en marcha hacia adelante. Chuck soltó los dos cabos en el momento que un tremendo viento lo tomó por sorpresa. Arrastrado por la estación no pudo mantener los cabos. La proa del bote giraba. Desesperado, envolvió una línea alrededor del fondo de una bomba de gasolina abandonada. Se mantuvo durante unos segundos y se derrumb , con piezas de vidrio y metal volando por todas partes.

El viento disminuyó por un minuto. Chuck  saltó colina abajo hacia la playa y con la agilidad de un chimpancé subió a bordo. Sorprendido por todo el evento, puse el motor en reversa cuando, de repente, el motor se detuvo. Se me había olvidado que habíamos dejado caer un ancla tresero cuando nos acercamos. La hélice había envuelto la línea de anclaje. Sabiendo muy bien que no se desenvolvería colocando el motor al revés, lo intenté de todos modos. Sin suerte. Chuck saltó en el agua helada. Tomó solo unos segundos desenvolver el cabo, subió abordo con el ancla. Una ducha caliente y un trago de pisco y nuestra escala de  combustible se hizo historia.

Paquito llego de Puerto Rico y arrancamos hacia el norte. Puerto Williams cayó rápidamente a popa cuando New Chance corrió por el Canal Beagle en este día 15 de marzo de 1995 con la proa apuntando al Cabo San Diego, el cabo más oriental de la Tierra del Fuego. Con 7222 millas náuticas registradas desde que salimos de nuestro puerto base de San Juan el 26 de julio de 1994, en unas pocas horas doblaremos la esquina y nos dirigiremos a casa.

Cuando los rayos del nuevo día iluminaron nuestro entorno, estoy seguro de que los tres nos preguntamos: "¿Qué demonios estamos haciendo aquí?". Nubes bajas volaron hacia el este. Los mares de 3 metros lavaron el bote de proa a popa. Tierra no estaba a la vista. New Chance condujo a través del mar azul oscuro, amándolo. La tripulación simplemente se aguantó con las dos manos.

 "Hay Dios mío", pronuncié en voz alta. Allá al este, bajo en el cielo, estaban los símbolos de problemas que había escuchado y leído mucho y sobre los que más temía. Nubes oscuras casi estacionarias en forma de un tabaco, incrustadas dentro del cielo que se aproximaba indicaban que venÍa un "pampero", los famosos vientos de la pampa argentina. En una hora, los vientos aumentaron a 55kph. Deshicimos la vela de proa, y seguimos recogiendo la vela de estaño. El equipo de dirección automática de Fleming hizo un trabajo excelente al recuperarse de cada ola de ruptura de 3 metros, pero fue impotente cuando se trataba de evitar que nos cayéramos a sotavento. Mis esperanzas de abrazar la costa, con sus mares más tranquilos, se habían desvanecido.  

Tres días de infierno siguieron sin respiro. Mares construidos a más de 12 metros. Cada cuarta ola envÍo agua volando sobre nosotros. El bote y la tripulación estaban empapados, por dentro y por fuera. La temperatura rondaba los 10C. Una ola de más de 10 metros rompió sobre New Chance. Una tonelada de agua cayó sobre la vela mayor. La vela dentada atascó el aparejo enrollador del mástil mientras el viento seguía destruyéndolo aún más. Demasiado rudo y salvaje para que la tripulación arriesgue un viaje a la proa, dejamos que se haga pedazos. El pampero duró 3 días. Cuando el cielo se despejó, el bote y la tripulación estaban totalmente azotados, destruidos.

Hicimos escala en Commodoro Rivadavia, una ciudad en el corazón de la región argentina de la Patagonia, conocida por su producción de ovejas y petróleo. Reparamos las velas dañadas y verificamos aparejos y luego nos dirigimos hacia el norte pasando el santuario de ballenas de la Península Valdez, donde dos crías de orcas nos siguieron por largo rato, tal vez pensando que éramos familia. Las mareas frente a la costa de la Patagonia corren de 6 a 8 metros, lo que, junto con un cambio diario de viento de 180 grados, producen mares incómodos de 3 metros.

Los mares agitados siguieron a New Chance hasta Mar de Plata adonde hicimos escala el 10 de abril. En Mar de Plata, una elegante ciudad playera de moda a Miami Beach, nos ocupamos de las tareas básicas como lavandería, reaprovisionamiento, reparaciones y cambio de tripulación. El Río de la Plata es un pedazo de agua fangosa que separa Uruguay y Argentina. Después de una parada de dos días en Colonia, una encantadora ciudad colonial, encontramos un fondeadero cerca del centro de Buenos Aires. Una vez con los pies sobre tierra firme y junto a mi esposa Lirio, quien había volado desde Puerto Rico, descubrimos una ciudad con mucho de París, Madrid, Nueva York y Londres. Un verdadero encanto.

El 9 de mayo, un viaje de dos días a Montevideo nos llevó sobre el Graf Spee, hundido al principio de la segunda Guerra mundial por orden de Hitler. Es solo uno de los más de cien naufragios que ensucian el estuario del Río de la Plata, todos destinados a mantener alerta al navegante. Isla de Lobos, frente a Punta del Este, Uruguay, es un hogar protegido para 83,000 leones marinos. El olor es hororoso. Cuando nos acercamos a menos de 30 metros, los juveniles (color más claro) y las hembras (más pequeñas) saltaban al océano y nadaban hacia New Chance, confundiéndonos con un barco de pesca y una posible comida fácil. Los grandes toros machos de pelo negro permanecieron en tierra gruñendo, con las cabezas levantadas en desafío. Ningún lobo marino se acercó a menos de 30 metros, una posible huella genética de los días en que abundaban los depredadores humanos.

Después de una breve parada para comprar combustible en Angra dos Reis (el Anclaje de los Reyes), que se encuentra en una costa con docenas de islas y una agradable navegación, nos dirigimos hacia el norte cuando, un poco después del anochecer, escuchamos música desde la tierra. Mi equipo más joven sugirió, y acepté de inmediato que nos detuviéramos y revisáramos los acontecimientos. Poco después de que dejamos caer el ancla, un bote de motor nos llevó a la orilla a la fiesta anual de la Iglesia de la Isla Gipoia durante la cual agradecen a su santo patrón por la generosidad de los años. Me sorprendió gratamente encontrar dentro la iglesia a la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba. Los brasileños, en su mayoría pescadores, nos acogieron y nos retuvieron como rehenes hasta altas horas de la madrugada, justo a tiempo para continuar el viaje a Río de Janeiro, donde pasamos por la bella playa de Copacabana al mediodía.

Después de dos días en Río y con Reiner nuevamente de tripulante nos dirigimos hacia el norte. Una mosca se unió a la tripulación a 60 kilómetros de la costa y me mordió la pierna produciendo una llaga dolorosa. Entramos en Salvador, famoso por la canción Bahía, bara ver un mėdico. Salimos nuevamente dos días después, para volar por la costa con un viento fuerte del sureste. El viento murió y llegaron las lluvias amazónicas. A los dos dias nos detuvimos por completo cuando falló el motor de arranque perdiendo energía para las baterías y refrigeración. Mientras llenamos todos nuestros contenedores de agua, la lluvia incesante golpeó nuestros agotados nervios durante cinco días. Nuestros cuatro contactos diarios de onda corta con mi famlia se convirtieron en historia, aunque pudimos escuchar sus llamadas preocupadas. La Guardia Costera había sido alertada. El décimo día volvió el viento y con él comenzamos a movernos de nuevo y cargar las baterías con el generador eólico. A las seis de la mañana del día siguiente nos encontramos con un barco de contenedores que había sido alertado por la Guardia Costanera para vigilarnos. 90 minutos después, mi esposa y mi familia pudieron relajarse una vez más. Billo seguía vivo!!!

Palabras apenas pueden describir las 13,774 millas náuticas registradas por New Chance mientras navegaba desde los trópicos hasta el Ártico sureño. Las temperaturas del aire y del agua del mar oscilaron entre 30C y 1C. Un día en Magallanes experimentamos nieve, granizo, sol brillante y luego lluvia. Nos golpearon los vendavales con barómetros altos y bajos. Nuestro viaje comenzó al mediodía del 27 de julio de 1994. Al mediodía del 1 de julio de 1995, New Chance pasó nuevamente bajo los parapetos de El Morro de San Juan.

Y asi terminó este viaje fenomenal de descubrimiento. Saludos a todos.

 

William Butler Salazar – Enero 2020

 

 

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